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El vocero de sí mismo

Opinión de Andrés Mendieta

Opinión de Andrés Mendieta - Domingo 5 de julio de 2026
Opinión de Andrés Mendieta - Domingo 5 de julio de 2026 Somos

Andrés Mendieta por Andrés Mendieta | 05-07-2026 08:00

Manuel Adorni eligió el momento con la misma precisión con la que eligió sus explicaciones: renunció el sábado por la noche, por carta, en X, apenas unas horas antes de que la Selección jugara contra Jordania. Si hay algo que este Gobierno aprendió bien de la política, es que ninguna mala noticia sobrevive al ruido de un gol. El problema, esta vez, es que ni la Scaloneta pudo tapar el cráter. El hombre que durante años se paró frente a un atril en Casa Rosada a explicarle a la Argentina por qué había que dar explicaciones, se fue sin dar ninguna que se sostuviera, y dejó como legado una frase que va a perseguirlo el resto de su vida pública: "todos los argentinos ahorran sin declarar". Así, en cadena nacional, el ex vocero del ajuste y la motosierra resumió su patrimonio personal.

Porque el patrimonio, vale recordarlo, fue creciendo de explicación en explicación, como esas mentiras que se agrandan a medida que alguien insiste en que son ciertas. Primero fueron los 245.000 dólares en efectivo, pagados en negro, para reformar la casa de fin de semana en un country de Exaltación de la Cruz: pileta climatizada con cascada de 3.500 dólares, parrilla de 13.800 y un horno aparte. Después, ante el Congreso, juró que no tenía nada que ocultar. Más tarde, en una entrevista de televisión, admitió 500.000 dólares no declarados al fisco. Y cuando ese número tampoco cerraba, apareció una nueva versión: 200.000 dólares invertidos en Bitcoin desde 2014, sumados a ahorros legítimos y —shakespeareano en su tristeza— efectivo hallado en el departamento de su padre fallecido. Una pena familiar convertida, oportunamente, en certificado de origen de fondos. Los expertos consultados fueron menos generosos que el relato: en 2014, menos del 0,5% de las billeteras de Bitcoin en el mundo superaban los 56.000 dólares, y Adorni, dos años después, en 2022, había descartado públicamente a las criptomonedas como inversión. El Nostradamus de la blockchain, resulta, ni siquiera creía en su propia profecía.

La carta de renuncia, fiel al estilo del personaje, no fue un mea culpa sino un planto de víctima con orquesta completa. Habló de "carnicería mediática", de ataques contra su mujer, sus "pequeños hijos", sus amigos, sus vecinos, hasta sus allegados; se definió como un simple ciudadano de a pie que un día quiso colaborar con un proyecto, y cerró asegurándole a Milei que sigue siendo la única esperanza de la Argentina, ya no desde adentro del Gobierno sino, según sus palabras, desde afuera. El hombre que pasó tres años llamando "casta" a cualquiera que pidiera explicaciones descubrió, al fin, el placer de victimizarse ante los medios. La ironía, como siempre con este personaje, se escribe sola.

Karina Milei, fiel a su sobriedad de comunicado institucional, agradeció su "pasión y compromiso" y lamentó que las cosas se hayan dado así, como quien despide a un empleado de una sucursal y no al segundo funcionario más poderoso del Estado. El propio Milei, que resistió meses los pedidos de salida de sus propios aliados, llegó a decirle a un diario español que confiaba en la honestidad de Adorni y que solo lo destituiría si la Justicia lo declaraba culpable. Terminó aceptándole la renuncia de todos modos, lo cual deja una pregunta incómoda dando vueltas por la Casa Rosada: ¿la confianza se le acabó, o se le acabó la cobertura política?

El reemplazo ya está armado, con la prolijidad de quien lo venía preparando hace rato: Diego Santilli, hasta ahora en el Ministerio del Interior, asume la Jefatura de Gabinete y absorbe ambas carteras, mientras Karina Milei pasa a comandar directamente el área de Medios, con el nuevo vocero y el secretario de Prensa respondiéndole a ella sin intermediarios. El organigrama queda, de paso, todavía más prolijamente familiar: cualquier sospecha de que el poder se concentraba en el círculo íntimo del Presidente acaba de recibir su confirmación oficial, en tiempo real, mientras todavía estaba caliente la carta de renuncia.

Queda, eso sí, la factura. Analistas citados por la prensa económica internacional coincidieron en algo que en Balcarce 50 prefieren no escuchar: este fue el escándalo más dañino de una gestión que hizo de la lucha contra la corrupción su bandera de campaña, y la imagen anticorrupción de Milei quedó erosionada de una forma difícil de remontar, sobre todo porque las causas judiciales recién empiezan. Un consultor lo resumió con el cinismo más honesto que se haya escuchado en todo el episodio: a los argentinos se les va a olvidar Adorni si conservan el trabajo y los ingresos le ganan a la inflación. Así de simple, así de cruel: la honestidad nunca fue el verdadero contrato electoral, era apenas el cartel publicitario. Adorni se bajó justo antes de convertirse en el primer jefe de Gabinete echado por censura del Congreso en treinta años de Constitución reformada, y se ahorró ese título. El Gobierno, en cambio, no se ahorra nada: ya empezó a pagar la cuenta, y todavía falta la parte más cara, la que se cobra en octubre del 2027.

 

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