La deuda de los partidos políticos
Los derechos políticos y electorales son determinantes para democracias potentes, por ello, todo lo relacionado con el perfeccionamiento de los mecanismos y espacios en los que los actores políticos operan tienen una extraordinaria importancia para la profundización de los procesos de democratización.
El rol, por excelencia, de los partidos políticos fue siempre la intermediación entre la sociedad y el poder, si bien ello hoy no es así, por la crisis de representatividad de las organizaciones políticas y ese gran distanciamiento de la sociedad, debe volverse a buscar ese objetivo, de hacer realidad la participación social, menuda tarea por supuesto.
Los partidos políticos responden a realidades sociológicas y a tiempos históricos en los que pretendemos analizarlos, no podemos encararlos sin esos marcos. De allí que son realidades complejas de analizar en las que interactúan partidos consolidados históricamente, partidos nuevos, partidos ideológicos, expresiones políticas de coyuntura, partidos grandes y partidos pequeños, partidos en ejercicio de gobierno y partidos de oposición, partidos de cuadro, partidos de masas. En suma, distintas categorías que dan cuenta de lo rico, pero complejo que es analizar un sistema de partidos.
Todas esas categorías las tenemos en Jujuy o por lo menos las vimos pasar y competir, aliarse, formar frentes, ser absorbidos por otras fuerzas más potentes, pero, en definitiva, son formatos tangibles podríamos decir, que formaron y forman parte del mapa político de la provincia.
Las cúpulas partidarias vienen mostrando una mala práctica permanente a la hora de elegir sus candidatos, una clara disonancia entre esa cúpula y sus bases, principalmente en la toma de decisiones internas, lo que genera exclusión y una mayor desesperanza de que no cambie tal situación en el corto plazo. A ello debemos agregarle que también resulta preocupante la forma en que se distribuyen, de acuerdo al partido de origen, diversos cargos de los poderes del Estado.
Hay un fenómeno que se viene dando y es el llamado por la ciencia política Party Dealignment, ese desalineamiento consiste en que los electores varían su comportamiento tradicional respecto del voto. El fenómeno es un proceso en el cual los individuos se vuelven menos partidistas en términos de su apoyo a un partido político en particular. Ello lo vemos reflejado por ejemplo cuando votan a un partido distinto al de su afiliación, y generalmente lo hacen como castigo por incumplir sus promesas electorales.
En procesos no electorales, observamos también que los partidos bajan su perfil reduciendo su función de cabildeo tan importante para incidir en las gestiones de gobierno. Otro factor clave y destacable en el ejercicio de los partidos políticos es la accountability o rendición de cuentas, que resulta indispensable para mostrar transparencia en la gestión y fortalecerse institucionalmente.
Todo ello nos indica que debe tornarse necesario también la incorporación de nuevas generaciones asumiendo perspectivas inclusivas de minorías, que quizás pueden encontrar en los partidos verdaderos espacios de contención y respeto de sus pensamientos y modos de ver la realidad.
Los partidos deben avanzar en una dimensión propositiva y plantear líneas de acción que puedan responder a éstas necesidades y así contribuir a su fortalecimiento en la dirección hacia esa aspiración de desarrollar las prácticas democráticas en su dinámica interna, deben darse esa oportunidad. Hay nuevos paradigmas en la política que contribuirían a perfilar mejor su papel en el marco de una sociedad democrática y de cara a una ciudadanía cada vez más exigente y activa en la defensa y promoción de sus Derechos.