Opinión

La electricidad en Jujuy: un fenómeno social, no sólo técnico

Opinión del Ing. Néstor Aguirre, Matrícula Profesional Nº 1341‑ET

Corriente eléctrica en Jujuy
Corriente eléctrica en Jujuy .

Néstor Aguirre por Néstor Aguirre | 15-04-2026 11:24

La electricidad suele contarse en kilovatios y cables, pero en realidad es una historia de personas, de barrios y de ciudades que cambian de ritmo cuando la noche deja de ser oscuridad. En Jujuy esa transformación se ve con nitidez si se coloca la experiencia local dentro del mapa nacional de la electrificación y se la observa desde la historia urbana y sanitaria trabajada por investigadoras como Mirta Teresita Fleitas. Este enfoque resulta imposible de separar de los debates actuales sobre desarrollo provincial.

Energía Eléctrica en Jujuy
Energía Eléctrica en Jujuy

Del archipiélago de usinas al sistema nacional

A escala nacional, la electrificación comenzó de manera fragmentada, ciudad por ciudad. Desde fines del siglo XIX hasta bien entrada la década de 1940, el país tuvo un sistema de servicios eléctricos locales: usinas y redes urbanas operadas por empresas privadas (en muchos casos de capital extranjero) y, en menor medida, por municipios.

En pueblos y ciudades del interior, el servicio arrancó con pequeñas usinas térmicas que daban alumbrado público y algunas conexiones domiciliarias limitadas en potencia y horario; más tarde, en muchas localidades, la distribución pasó a manos de cooperativas eléctricas, cuando las grandes compañías no veían suficiente negocio.

Recién a partir de mediados del siglo XX, con empresas estatales como Agua y Energía y los entes provinciales, empezó un proceso más fuerte de integración en redes de alta tensión y sistemas interconectados. Dicho de otro modo: primero hubo un archipiélago de usinas locales; la “Argentina eléctrica” como sistema vino después.

La luz en San Salvador de Jujuy

En ese marco nacional, la experiencia jujeña tiene su propio ritmo y sus propios matices. Mirta Fleitas (magíster en Salud Pública, docente de Medicina y Sociedad en la UNR e investigadora del Instituto de Historia Regional de la UNJu) reconstruyó con detalle cómo se transformó la ciudad entre 1900 y 1940. Sus trabajos muestran una capital que entra al siglo XX todavía con fisonomía de pueblo colonial y que, en pocas décadas, se llena de obras, servicios y conflictos.

Algunos hitos que permiten ubicarse:

A comienzos del siglo XX, San Salvador de Jujuy era una ciudad chica, rodeada por los ríos Grande y Xibi-Xibi, con pocas manzanas centrales, casas de adobe de una planta, techos de teja o paja, calles desparejas y veredas angostas.

Hacia 1900, la sociedad formada por Tésanos Pinto y Miguel Alviña instala la primera usina de alumbrado eléctrico de la ciudad, que provee luz a la Plaza Urquiza (hoy Plaza Belgrano) y a la calle Belgrano: el centro simbólico y comercial de la capital. Dentro de las casas sigue dominando la lámpara a kerosene y, en la periferia, la candela de sebo.

En 1909 la Municipalidad construye su propia usina y amplía el alumbrado público.

Mapa de Jujuy de 1915
Mapa de Jujuy de 1915

Hacia la década de 1920, la energía llega a las viviendas durante las 24 horas, en paralelo a la extensión de aguas corrientes y las primeras cloacas.

En esos mismos años, el ferrocarril (1903), la pavimentación del centro, los puentes sobre los ríos y la construcción de edificios públicos (Teatro Mitre, Casa de Gobierno, Colegio Nacional, Banco Nación, etc.) terminan de dar forma a un paisaje urbano que ya no es sólo “aldea colonial”, sino ciudad que se piensa a sí misma como moderna.

Calle Belgrano en 1922
Calle Belgrano en 1922

La electricidad como fenómeno social

Más allá de la técnica, la llegada de la electricidad cambió la vida cotidiana.

A nivel país, el paso de la vela y el farol a la lámpara eléctrica extendió jornadas, diversificó la vida nocturna y modificó la relación entre centro y periferia en las ciudades.

En San Salvador de Jujuy, la combinación de alumbrado, agua corriente y cloacas alteró los hábitos: el aljibe y el aguatero desaparecen de las casas céntricas, el baño se integra al interior de la vivienda, la calle se vuelve más transitable de noche y la plaza, el teatro y el club social adquieren otra centralidad bajo la luz eléctrica.

Fleitas muestra que esta incorporación de “tecnología urbana” está atravesada por el discurso de la higiene pública: se asfalta para reducir el polvo, se regulan desagües y acequias, se intenta alejar cementerios, mataderos y basurales del área residencial, se vigila la calidad del agua, la leche, el pan y la carne. La ciudad se ordena no sólo para “progresar”, sino también para clasificar peligros, separar lo limpio de lo sucio, lo respetable de lo sospechoso.

Luces encendidas, sombras persistentes

Las desigualdades tampoco son un invento reciente.

En el mapa argentino, las primeras redes beneficiaron sobre todo a las zonas rentables: grandes ciudades, centros comerciales y algunos nodos agroindustriales, mientras muchos pueblos pequeños dependieron de usinas con pocas horas de servicio o del esfuerzo de cooperativas para sostener la provisión.

En San Salvador de Jujuy, el centro concentra antes el pavimento, la iluminación, el agua y las cloacas, mientras al sur del río Chico crecen villas como Castañeda, Cuyaya, Villa Gorriti o San Pedrito, con trazados desordenados, viviendas precarias, acequias a cielo abierto y un acceso mucho más tardío y fragmentario a esos servicios. Un ejemplo que hoy sigue resonando: mientras en esos barrios periféricos la noche seguía siendo oscura y peligrosa, el centro ya contaba con faroles, veredas pavimentadas y espacios de sociabilidad iluminados que marcaban con claridad dónde comenzaba y dónde terminaba la ciudad "presentable".

En esos barrios, la luz eléctrica, lejos de ser un “baño parejo” de modernidad, se convirtió en un marcador de pertenencia: iluminó primero el casco presentable, los edificios emblemáticos, los paseos “a la altura” de la nueva ciudad, y tardó más en llegar a las piezas de inquilinato y a las casas obreras hacinadas.

Centro de San Salvador de Jujuy en 1926
Centro de San Salvador de Jujuy en 1926

Otros autores del libro colectivo Jujuy en la Historia. De la colonia al siglo XX, elaborado por la Unidad de Investigación en Historia Regional de la UNJu, muestran que estos contrastes se repiten a lo largo del tiempo en distintas políticas públicas: vivienda, trabajo, salud, servicios básicos. Visto así, la electricidad es una pieza más de un entramado donde el territorio y la clase social suelen marcar el orden de llegada de las “novedades” del progreso.Escribo esto no para cuestionar una empresa o un gobierno en particular, sino para poner sobre la mesa cómo se han distribuido históricamente los beneficios de la electricidad sobre el territorio jujeño.

Calle Belgrano a la altura del histórico Cabildo de 1926
Calle Belgrano a la altura del histórico Cabildo de 1926

Qué enseña esta historia hoy

Puesta en perspectiva, la historia eléctrica de Jujuy encaja en el patrón nacional y al mismo tiempo lo vuelve concreto.

El país pasó de un mosaico de usinas locales privadas, municipales y cooperativas a un sistema más integrado recién en la segunda mitad del siglo XX.

La capital jujeña hizo su propio camino: alumbrado y usina a comienzos del siglo XX, servicios ampliados en los años 20 y 30, pero con fuertes contrastes territoriales y sociales que diversas investigaciones documentan con detalle.

Como ingeniero dedicado a temas de energía, esa historia obliga a mirar la electricidad menos como un problema de generación y redes, y más como una política de distribución de tiempo, seguridad, confort y oportunidades. Cada decisión sobre dónde tender una línea, qué barrio se ilumina primero o cómo se financia una obra define, en los hechos, quién puede alargar su jornada, estudiar de noche o caminar con menos miedo.

Hoy que en Jujuy se habla de transición energética, de litio y de renovables, la lección de aquella usina de 1909 sigue vigente: la verdadera discusión no es sólo cuánta energía puede producir la provincia, sino cómo se reparte su luz sobre el mapa social y urbano.

La Puna jujeña alberga hoy uno de los parques solares más grandes de Sudamérica, con una potencia instalada del orden de 300 MW que inyecta energía al sistema interconectado. Al mismo tiempo, el crecimiento de proyectos de litio en salares como Caucharí‑Olaroz coloca a Jujuy dentro de los territorios clave de la transición energética global, combinando oportunidades económicas con debates sobre impactos ambientales y sociales a escala local.

En el presente, esas brechas históricas se intentan reducir con decisiones concretas de política energética. El programa Pueblos Solares de la provincia lleva ya nueve comunidades de la Puna abastecidas íntegramente con energía limpia las 24 horas: Olaroz Chico (el primer pueblo solar del país, inaugurado en enero de 2019), El Angosto de Santa Catalina, San Francisco de Santa Catalina, La Ciénaga de Santa Catalina, Lipán de Moreno, Catua, El Toro, San Juan de Quillaques y Santa Ana, a 3.850 metros sobre el nivel del mar.

Red eléctrica en la Quebrada y Puna
Red eléctrica en la Quebrada y Puna

El cambio no es solo técnico. En Santa Ana, el sistema solar reemplazó dos generadores que consumían 10.000 litros de gasoil al mes y emitían 328 toneladas de CO2 al año. Marcelino Cruz, el usinero del pueblo, lo describió con precisión: "Esta obra es fundamental para el desarrollo de nuestra comunidad, ya que nos permite tener energía disponible en todo momento sin depender del generador, evitando la difícil tarea de transportar gasoil para abastecer la usina." En San Francisco de Santa Catalina, el comunero Bernardino Córdoba fue todavía más directo: "Que, en este lugar, donde hay mucha soledad, podamos contar ahora con esta energía solar nos da mucha alegría. En la escuela vamos a poder hacer otras actividades, usar otros artefactos que antes no podíamos." La obra incluyó además alumbrado público y Wi-Fi para la escuela. En Olaroz Chico, la electrificación continua favoreció 16 nuevos emprendimientos, 30 lotes y viviendas nuevas, y equipamiento comunitario (albergue, polideportivo, plaza, lavandería, taller mecánico) que no existían antes. (Fuentes: Portal Solar, junio 2025; Vía País, junio 2021 y octubre 2019; Prensa Gobierno de Jujuy, 2025)

Es, en términos históricos, exactamente lo contrario del modelo que documentó Fleitas para el siglo XX: en lugar de iluminar primero el centro presentable y dejar la periferia para después, estas decisiones llevan primero la energía a donde el mercado nunca habría llegado solo.

Pensar la electricidad como fenómeno social significa, hoy, discutir con datos quién accede primero, en qué condiciones y con qué calidad de suministro, sabiendo que las decisiones de política las toman los gobiernos y que la empresa concesionaria opera dentro de esas reglas. En última instancia, el desafío político y técnico de esta etapa no es repetir el viejo modelo de un centro brillante rodeado de periferias a oscuras, sino construir (desde la ingeniería, la política y la participación ciudadana) una provincia donde encender la luz, en el sentido más amplio, sea una experiencia compartida y no un privilegio para unos pocos.

 

 

 

 

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