La Repetición es uno de los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis según la opinión de Jacques Lacan, pero fue trabajado por Freud ya desde el comienzo mismo del armado teórico, por ejemplo en La interpretación de los sueños, para referirse a la repetición de una situación placentera como puede ser la del bebé que repite el placer del amamantamiento chupeteando su propio dedo. Años después, en Más allá del principio del placer, describió otra forma de repetición placentera cuando observó a su nieto de un año y medio jugar a hacer aparecer y desaparecer un juguete que mantenía atado a un piolín, arrojándolo y trayéndolo a su antojo cuando su madre se ausentaba. De este modo, el pequeño lograba mantener el control de la presencia y de la ausencia, obteniendo una doble ganancia: por un lado se protegía de vivir el abandono de su madre cuando esta se iba a hacer sus cosas, y por otro, experimentaba una satisfacción de apoderamiento, decidiendo él y no ella, cuándo estar juntos y cuándo separados. Este acto en que el pequeño logró sustituir a su madre por un juguete es, según Freud, el primer gran logro cultural del niño en tanto es la primer forma de simbolización, distinto a lo que sucede con el chupeteo, ya que cuando interactúa con un juguete, el niño se relaciona activamente con un objeto que no forma parte de su propio cuerpo, cosa que no sucede cuando se lleva el dedo a la boca. Claro que para llevar a cabo esta acción, el bebé confía en que el piolín que sostiene al juguete no se cortará, ya que si ello sucediera, no podría traer nuevamente al juguete cuando lo desee y entonces el niño pasaría a ocupar nuevamente el lugar de objeto abandonado o, como dice la nostálgica canción de Patricio Rey, de un juguete perdido.
De este modo, el humano pasa la vida buscando un objeto que se acomode a esta pretensión, posiblemente universal, de que esté dispuesto a quedarse donde se lo dejó y volver a aparecer cuando se lo necesite, encontrando una serie de sustituciones, siempre fallidas, en sus relaciones interpersonales. Distinto es lo que sucede con el llamado perverso, que “ha encontrado el objeto, este es su problema, tienen la certidumbre sobre su modo de obtener gratificación sexual”. Esta afirmación, que J. A. Miller nos trae en un texto llamado Fundamentos de la perversión, puede ser articulada con la observación de Freud nombrada anteriormente para realizar una lectura de lo que pudo haber sucedido en un caso como el que conmueve a nuestra población por estos días ya que, de confirmarse la hipótesis del fiscal, estaríamos ante un asesinato en serie o repetición, hecho similar al del célebre asesino Jeffrey Dahmer, quien se satisfacía al desmembrar los cuerpos de personas que se ajustaban a su preferencia sexual e incluso llegó a practicar el canibalismo. Pero en una entrevista televisiva Dahmer afirmó que no los mataba por placer sino porque quería mantenerlos con él, siendo esa su única respuesta cuando sus compañeros le decían que querían irse y/o dejarlo solo. Es llamativo el paralelismo que puede hallarse con el presunto caso que conmueve a Jujuy, en el sentido de que al parecer se trataba de personas en situación de calle, personas que uno podría decir que ocupan el lugar social de objeto abandonado por parte de la sociedad, en el sentido de exclusión. Personas que debido al lugar comunitario que les toca ocupar, podría suponerse que no ponen demasiados requisitos para iniciar un vínculo con terceros. Pero una cosa es iniciar y otra cosa es mantener. Llegado el caso, nada obliga a la gente a quedarse, es decir, un invitado puede retirarse en el momento que lo desee, excepto de la casa de Dahmer ¿Y también de la casa del sospechoso en cuestión?
Así, en ambos casos podría existir un punto en común, consistente en no haber logrado construir un objeto al cual abandonar por medio del juego infantil, siendo entonces, un humano abandonado por la sociedad toda, es decir, una persona en situación de calle, una opción para intentar resarcir dicha falta de recurso subjetivo. Sólo que a diferencia de lo que sucede con un juguete, un humano nunca pierde su dignidad de sujeto capaz de elegir si quedarse o irse. Las fotos de la vivienda y los testimonios respecto del sospechoso abogan a favor de que posiblemente muchos elegirían la calle y la soledad antes que esa casa y su compañía para pernoctar. Además, la experiencia clínica con presos que han sido condenados/as por asesinatos no motivados por un robo, dice que el acto criminal es muchas veces la respuesta que el asesino da cuando queda en el lugar de objeto abandonado. Es decir ¿Cuál es el colmo inesperado del abandono? Ser abandonado por un objeto abandonado.
Sergio Higa es analista practicante de la Escuela de la Orientación Lacaniana y miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Responsable de Relaciones Institucionales de la Antena Jujuy de la EOL. Docente de la materia Psicopatología 2 de la carrera de Psicología de la UCSE. Docente de la materia Psicología de la carrera de Psicopedagogía de la UCSE. Realizó su tesis de licenciatura sobre la psicopatología en presos. Trabajó en el gabinete criminológico del Servicio Penitenciario de Jujuy, dio una serie de cuatro conferencias sobre Psicoanálisis y criminología en la UCSE-DASS titulado “Clínica de las pasiones”. Actualmente realiza tratamiento psicológico a algunas personas privadas de la libertad en el Hospital Sequeiros donde se desempeña como psicólogo clínico en consultorio externo y sala de internación.