Tentación o tentaciones
En el contexto del Evangelio de San Mateo, el capítulo 4 , donde leemos las tentaciones de Jesús en el desierto, tiene como contexto inmediato el final del capítulo 3 en donde , en el bautismo de Jesús, Dios dice Este es mi Hijo muy querido, en quien me complazco.
Si analizamos el relato veremos claramente que detrás de las tentaciones hay una sola y gran tentación, que es la de no responder a la identidad más profunda , que es la de Hijo de Dios.
Dos de las tres tentaciones que relata San Mateo, comienzan con si eres el Hijo de Dios, una tentación que acompañó a Jesús durante toda su vida, hasta la misma cruz ( Mt. 27,40). Fue una de las tentaciones que también le provocaron los fariseos, que pedían una señal del cielo para reconocerlo como Mesías.
Y esta tentación, acerca de la cual pedimos en el Padre Nuestro: no nos dejes caer en la tentación, es la tentación permanente del hombre.
Siempre estaremos tentados a salirnos del quicio, del centro de nuestro ser, que es el de ser criaturas, no dioses, hijos de Dios por el Bautismo, no manipuladores de Dios para nuestro beneficio.
Ha sido, es y será siempre la tentación de cada hombre, de cada institución, de la iglesia, de las sociedades , de las familias, y de todo lo humano.
Siempre , por ser libres, estaremos tentados a hacer la nuestra y no la voluntad de Dios, que nos libera.
Así le pasó también al pueblo de Israel, que en el desierto cayó en la tentación de la rebeldía contra Dios, que lo reconocía como su hijo. En el desierto el pueblo se fabricó un becerro de oro, y protestó contra Moisés y contra Dios.
Hoy estamos ante el mismo dilema: o somos plenamente humanos, o nos desquiciamos, es decir, nos salimos del eje de nuestro ser.
La esencia del hombre está en su ser y no en el poseer.
La esencia del hombre es ser libre y optar, no actuar siguiendo patrones gregarios o gustos de moda.
El equilibrio del hombre está en reconocerse a sí mismo como humano, tal cual Dios lo creó, y no autopercibirse como lo que no es, como es la moda therian que está de manifiesto en algunos lugares.
También la autopercepción que no reconoce la condición sexual o cualquier otra condición esencial al ser humano es hoy una tentación de nuestra cultura desquiciada.
El querer llegar a ser como dioses, capaces de hacer e inventar cualquier cosa, esa pretensión de manipular la realidad y extralimitarse moralmente en cosas inaceptables, nos está volviendo menos humanos y procurándonos la insatisfacción de pretender ser lo que no somos por naturaleza.
El hombre es hombre porque tiene inteligencia para descubrir la verdad, voluntad para decidir el bien y sensibilidad para saber conectar con la realidad tal como es. Es hombre es tal porque puede realizarse en el verdadero amor, no en el amor de pacotilla desfigurado por la cultura dominante.
Que nos libre Dios de caer en la tentación de pretender ser lo que no somos.
El camino de la sabiduría es la humildad de saberse simplemente y agradecidamente humanos.