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Ágape: proviene del griego antiguo y significa amor incondicional y desinteresado

Opinión de Itatí Oviedo - I.E.S Nuevo Horizonte

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IES Nuevo Horizonte por IES Nuevo Horizonte | 29-07-2025 16:46

Sabemos que el amor es un sentimiento abstracto, imposible de describir en palabras precisas o en una única definición. Tampoco hay una forma exacta de dibujarlo o representarlo, porque lo vivimos y sentimos de diferentes maneras con personas y palabras.

Seguramente al pensar en el amor se te vienen a la mente personas, momentos, vivencias, quizás de alguna forma eso es el amor: las personas de nuestra vida, los momentos que nos marcaron y las emociones vividas.

El amor es, quizás, lo más cercano que tenemos a la magia

No hay una sola manera de vivirlo. Y casi nunca se parece a lo que vemos en las películas. En la ficción, el amor está musicalizado, perfectamente iluminado, lleno de gestos grandiosos y finales felices. Pero en la vida real no hay filtros ni cámaras lentas, no hay guiones por muchos que practiquemos que decir, solo estamos nosotros, nuestras emociones y los vínculos que tejemos, muchas veces de forma confusa, contradictoria y cambiante.

Desde que nacemos, vivimos rodeados de amor, aunque a veces no lo sepamos nombrar. Está en la familia en la que crecimos, o en esa familia que fuimos eligiendo con el tiempo. Está en los amigos que nos acompañan. Está dentro de nosotros mismos, aunque a veces lo tengamos escondido.

El amor familiar está desde que nacemos, el que se construye con el tiempo. Porque no todas las familias son perfectas y no todas las familias están unidas, pero poco a poco, siempre lo conocemos. El amor que a veces da abrazos callados, el que acompaña en los peores días, el que te rodea, el que te llena, el que te guía. Es ese lugar al que sabés que podés volver, aunque toda duela, aunque no digan nada, aunque no sea perfecto.

Porque el amor familiar no siempre grita, pero siempre abraza.

El amor en la amistad, el amor en la otredad. Esa persona con la que elegís compartir, con la que por alguna razón llegaste a conocer y dijiste, de acá soy. El amor elegido. Los vínculos que nos contienen y que nos entienden, no necesita de grandes gestos a veces está en una mirada, en un mensaje que llega justo cuando más lo necesitas, en la carcajada compartida por algo sin sentido, está en saber que no estás solo, en poder mostrarte tal como sos con luces y con sombras, sin miedo a ser juzgado.

Es saber que hay alguien que celebra tus logros como propios y que también se queda cuando las cosas no salen bien.

El amor propio el que debería existir desde el primer momento, el más difícil de encontrar y cultivar, el que nos sirve para sostenernos cuando todo lo demás tambalea, el que nos hace abrazarnos, el no juzgarnos por nuestros errores, el saber que podemos mejorar que podemos cambiar. Amarnos primero porque si no lo hacemos el mundo tampoco lo hará, amarnos primero para poder amar. Amarnos porque somos lo que damos. Y si no nos amamos, ¿qué le vamos a dar al mundo?

El que nos enseña a poner límites, a cuidarnos, a decir “no”, y también a decir “sí” a lo que (o quien) nos hace bien.

Y el amor romántico, aprendimos que este es el del final feliz, como en las películas. Cuando encontramos a “esa” persona, parece que todo encaja perfectamente...pero, ¿qué pasa si no es el momento indicado? si una de las partes no está lista ¿Qué pasa cuando el amor es unilateral? Cuando no es correspondido. Cuando no es recíproco.

¿Qué es lo que realmente duele? ¿Que no estén enamorados de nosotros? ¿Que no nos elijan? ¿Qué golpee nuestro ego? Quizás duele una combinación de todo. O simplemente nos duele amar sin que el amor tenga dónde quedarse.

Porque cuando uno está enamorado, quiere compartirlo, quiere ser abrazado con la misma fuerza; sentir que hay un lugar donde todo eso que sentimos se recibe y se multiplica.
 Y cuando eso “no pasa”, algo dentro nuestro se rompe por todo lo que sentimos...y no encuentra dónde ser.

Entonces ¿vale la pena sentir tanto si del otro lado no saben cómo recibirlo?
Una pregunta que seguro más de uno se ha planteado.

¿De qué sirve que yo lo sienta, si no tiene dónde ser?

Mira a tu alrededor, el mundo está lleno de guerras, un mundo gris, frío cada día más indiferente.
Y ahí, justo ahí, aflora la respuesta. Sí, vale la pena sentir.
Porque vencemos todo lo malo desde el amor
Las decisiones tomadas desde aquí nos harán actuar de la mejor manera..

No tengamos miedo de sentir, miedo de ser, miedo de mostrar.

Y si estás enamorado de alguien y no es recíproco, no te preocupes, después de todo estás dando caricias a un corazón que quizás lo único que necesita en este momento es Amor, aunque no te lo pueda devolver de la misma forma, aunque no sepa cómo hacerlo.

Sentir es un acto de coraje.

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