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Infancia, fútbol y barbarie: cuando la pasión desmedida de los adultos convierte el juego en un campo de batalla

Opinión de Sebastián Vilte - I.E.S. Nuevo Horizonte

futbol infantil
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IES Nuevo Horizonte por IES Nuevo Horizonte | 29-08-2025 20:22

En muchos de los países sudamericanos, los aficionados del fútbol sienten una devoción desenfrenada por este deporte. Para los más pasionales es parte de un estilo de vida, que sirve como herramienta para escarpar a realidades pocas alentadoras del día a día. Algunos filósofos, se han encargado de rebautizar a esta disciplina como “PASION DE MULTITUDES”, frase que muchos medios de comunicación emplean como eslogan para sus transmisiones y que en pocas palabras resumen la adhesión casi total de la sociedad. 

Cuando la pelota rueda a nivel profesional, es común que, en todos los ámbitos de la comunidad, se formen foros, donde cada participante se convierte en una especie de periodista deportivo dotado de una gran capacidad de raciocinio, para analizar lo que dejó la última fecha, condenando y premiando a los equipos, dando lugar a que aparezca la persona que con tono bufonesco suelte las gastadas tradicionales propias del folklore argentino.   

Sin embargo, en este último periodo de tiempo, el buen juego, los valores y el resultado deportivo pasaron a un segundo plano. Se ha vuelto una constante observar en las primeras planas de los diferentes medios, como los hechos de violencia fueron ocupando estos espacios. No sólo llama la atención la frecuencia de estos acontecimientos, sino también, como van escalando en gravedad, desde agresiones entre protagonistas en las categorías menores, hasta lo sucedido en el estadio Libertadores de América en el último cruce entre Independiente y la Universidad de Chile generan indignación.

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Este contexto, fue el disparador para indagar sobre como se vive el fútbol infantil en la provincia. No olvidemos que, en el fuero local, venimos de un episodio violento en la liga del ramal donde un joven de 17 años terminó con fracturas en su pierna por verse involucrado en estos sucesos. 

Fabian Vargas, ex futbolista de extensa trayectoria en Argentina, luego del último título obtenido por el elenco nacional, declaró públicamente lo siguiente. 

... “En Argentina, van a un partido de baby fútbol y parece una guerra. Desde chiquitos ya están acostumbrados a eso. Lo único que les sirve es ganar” ...

Ante estas declaraciones, nos hemos acercado a los campos de juego que se encuentran dispersos a lo largo y ancho de la tacita de plata. El panorama en los inicios de cada competencia se repite, las mañanas de sábado, niños de diferentes latitudes acompañados por sus familiares, acuden a los centros deportivos para participar de los torneos. 

Uniformes multicolores, joviales voces y sonrisas resuenan en los espacios vacíos, el entusiasmo se percibe por el aíre creando un clima festivo contrastando notoriamente con lo expresado por el deportista. 

Pero ese cuadro ideal, solo perdura en los inicios de cada certamen, ganar, empatar y perder, son licencias que se pueden dar los participantes entendiendo que el próximo fin de semana habrá una oportunidad más para afianzar o corregir aspectos según el resultado obtenido. Los adultos en esos primeros momentos también guardan una conducta decorosa, donde el aliento hacia los propios es una constante. 

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No obstante, todo comienza a resquebrajarse a medida que la competencia avanza. El terruño paradisiaco del ápice se convierte en un campo minado donde la pelota ya no danza con tanta alegría entre las piernas de los niños. Desde las gradas, el apoyo de los grandes se torna una exigencia donde solo sirve la gloria que regalan los triunfos. Aquellos que no lo consiguen, se inundan solitariamente en mares de angustia y desazón, agudizado por esa muchedumbre de personas que, en lugar de predicar el optimismo en esos momentos delicados, optan por despojarse de toda capacidad racional para exigir cuestiones que posterior al pitazo del final, son inmodificables. 

Muchos de los atentados que hoy invaden a este deporte tan lindo son, por un lado, las consecuencias de no saber ocupar los roles dentro de la sociedad como actores principales del mismo. Mientras que, por el otro, no existe un compromiso serio para promover valores tales como el trabajo, disciplina, respeto y la tolerancia. 

No siempre tenemos la potestad de cambiar grandes presentes con una pequeña decisión, y para erradicar la violencia de los deportes en este caso el fútbol, es menester el compromiso de todos. Dejar de lado cuestiones pasionales, para educar desde los errores. Una derrota es parte de un proceso de aprendizaje, el éxito en muchos de los casos deviene de una sumatoria de tropiezos, de los cuales hemos tenido que sobreponernos para alcanzar la meta. 

Por esta razón, busquemos un momento de reflexión, donde podamos poner la pelota bajo la suela, barajar y dar de nuevo. No nos dejemos obnubilar por el exitismo del ganar como sea, sino que, por el contrario, apostemos a los procesos largos, procurando impulsar espacios sanos que en un futuro próximo nos permita erradicar la barbarie de la violencia y contribuir de una manera más eficaz en el desarrollo óptimo de la salud mental de las futuras generaciones, para que las mismas puedan superar los contratiempos sabiamente. 

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