Hay una conversación que se está dando en las universidades, en las empresas eléctricas y en los organismos internacionales de energía, pero que todavía no llegó con fuerza a Jujuy. Es la conversación sobre cómo la inteligencia artificial está transformando el trabajo del ingeniero. Y llega, como suelen llegar las transformaciones grandes, antes de que estemos preparados para recibirla.
No se trata de ciencia ficción. Los mismos parques solares que hoy operan en la Puna jujeña, las redes de distribución eléctrica, las subestaciones y los medidores inteligentes generan grandes volúmenes de datos en tiempo real: temperatura, tensión, corriente, frecuencia, consumo por hora, alertas de falla. Esos datos son exactamente el insumo que necesita la inteligencia artificial para trabajar. La pregunta no es si la IA llegará a la ingeniería jujeña. Ya llegó. La pregunta es qué vamos a hacer con ella.
Lo que la IA ya hace en la ingeniería eléctrica
Para entender el alcance de este cambio, conviene mirar los datos. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la gestión inteligente de las redes eléctricas mediante IA podría liberar hasta 175 GW de capacidad de transmisión ya instalada a nivel global sin necesidad de construir nuevas infraestructuras. Esta optimización ya se traduce en aplicaciones concretas que transforman la operación diaria: desde el mantenimiento predictivo que anticipa fallas en transformadores semanas antes de que ocurran, hasta herramientas de diseño que calculan en minutos el dimensionamiento óptimo de redes e instalaciones fotovoltaicas, automatizando tareas que antes demandaban días de cálculos manuales.
En entornos como el nuestro, este impacto es directo. La IA hoy permite localizar fallas de distribución en segundos, reduciendo drásticamente los tiempos de respuesta y mejorando el control de pérdidas en la red. Asimismo, resulta clave para resolver desafíos estructurales de la región: optimiza los cronogramas de poda mediante modelos que predicen el crecimiento de la vegetación sobre las líneas aéreas —una causa crítica de cortes en Jujuy— y procesa datos meteorológicos en tiempo real para anticipar la generación de los parques solares, un factor indispensable para equilibrar la red en una provincia con un protagonismo fotovoltaico en plena expansión.
La pregunta no es si la IA llegará a la ingeniería jujeña. Ya llegó. La pregunta es qué vamos a hacer con ella.

¿Desplaza empleos? Hay que responder con honestidad
Informes globales recientes sobre el futuro del empleo advierten que la IA tiene como primer objetivo la automatización de tareas de nivel medio vinculadas al cálculo rutinario y la documentación técnica. En Argentina, este debate sobre la reconversión laboral y la ingeniería cobró fuerza a lo largo del último año y no da señales de calmarse. Vale la pena responder a la pregunta sin rodeos.
La IA automatiza tareas, no profesiones completas. Automatiza la lectura masiva de medidores, la detección visual básica de fallas, el cálculo de cargas estándar, la generación de informes rutinarios. Esas tareas existían, y parte del personal técnico las realizaba. Es verdad que ese trabajo cambia.
Pero lo que la IA no puede hacer, y no podrá en el horizonte previsible, es tomar decisiones en contextos inciertos, negociar con comunidades afectadas por una obra eléctrica, diseñar soluciones para un territorio con las particularidades geográficas, sociales y regulatorias de Jujuy, o hacerse responsable profesional y legalmente por una instalación. Eso requiere un ingeniero. Lo que cambia es qué tipo de ingeniero.
El profesional que no sepa interpretar los resultados de un modelo de IA, que no pueda validar sus recomendaciones o cuestionarlas cuando el contexto lo exige, ese ingeniero pierde relevancia. El que aprenda a trabajar con estas herramientas multiplica su capacidad de análisis y su valor profesional. La diferencia entre los dos no es talento: es formación.
La brecha que se abre en Jujuy
En mi artículo de marzo señalé que Jujuy forma ingenieros a un ritmo insuficiente para la transición energética que viene. Este desafío se agrava si sumamos la dimensión de la inteligencia artificial.
Aquí es donde la situación local merece atención urgente. La Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Jujuy (UNJu) ofrece hoy Ingeniería Química, de Minas, Industrial, Informática, la Licenciatura en Sistemas y Ciencias Geológicas. Es decir, no contamos con ninguna carrera de ingeniería eléctrica, electromecánica ni orientada a energías renovables, y ninguna universidad privada en la provincia cubre esa vacancia.
No se trata de desmerecer los esfuerzos locales: la UNJu ya va por la tercera cohorte de su Diplomatura en Gestión de Datos. Esto demuestra que hay interés y capacidad. Sin embargo, hay que ser realistas: este avance no soluciona el problema de fondo. Una cosa es procesar datos administrativos y otra muy distinta es programar algoritmos para operar una red eléctrica en tiempo real. Esa segunda parte, la que une los datos con la ingeniería eléctrica, hoy no existe en Jujuy.
La opción más cercana está cruzando la frontera. La Universidad Nacional de Salta dicta Ingeniería Electromecánica y tuvo un récord de 726 ingresantes para este 2026. Salta recibe estudiantes de todo el norte. Que un joven jujeño tenga que mudarse a la provincia vecina para especializarse en energía no es un simple detalle geográfico: es perder profesionales que Jujuy necesita acá.
Mientras tanto, el resto del país acelera. En Mendoza, la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) aprobó en diciembre de 2025 el plan de estudios de una nueva Ingeniería en Energía —con orientaciones en renovables, nuclear, hidráulica y petróleo— que comenzará en 2027. En San Juan, el Instituto de Energía Eléctrica de la UNSJ ofrece desde 2025 una Diplomatura en Inteligencia Artificial aplicada a la Ingeniería Eléctrica. Son 135 horas de formación específica a distancia, accesible a profesionales de todo el país, que marcan el rumbo de hacia dónde va la disciplina. Jujuy, con todo su potencial fotovoltaico y de litio, no puede seguir mirando desde afuera.
Jujuy produce litio para las baterías del mundo, opera el parque solar más grande de América Latina y aspira a producir hidrógeno verde. Y no tiene una sola carrera universitaria de ingeniería eléctrica o en energías renovables.
Lo que se puede hacer ahora
No se trata de cruzarse de brazos a esperar una reforma educativa histórica que tarde una década en llegar. Existen acciones concretas, de corto plazo, que pueden ponerse en marcha hoy mismo si los actores clave asumen su responsabilidad estratégica:
- La academia debe actualizar el enfoque: Las universidades locales no necesitan fundar una nueva carrera mañana; deben incorporar módulos de IA aplicada de forma transversal en las currículas actuales. La experiencia de la Diplomatura en Gestión de Datos de la UNJu ya demostró que hay base institucional; el siguiente paso lógico es reconvertir ese espacio hacia la ingeniería de potencia. Mientras tanto, la formación a distancia de la UNSJ está disponible para que docentes y estudiantes jujeños se capaciten de inmediato.
- El Colegio de Ingenieros como motor de actualización: Las instituciones profesionales no pueden ser meros entes reguladores o burocráticos. El Colegio tiene la oportunidad de liderar esta transición impulsando capacitaciones específicas en herramientas de IA para los matriculados en actividad, entendiéndolo no como una exigencia punitiva, sino como un servicio indispensable para resguardar el valor y la competitividad de nuestros profesionales en el mercado actual.
- El sector privado debe romper el aislamiento técnico: La distribuidora de energía, las empresas mineras de litio y los operadores de parques solares en Jujuy acumulan grandes volúmenes de datos operativos que hoy se procesan a puertas cerradas. El establecimiento de convenios marco de investigación y desarrollo con la universidad local permitiría que nuestros estudiantes de grado y posgrado trabajen sobre problemas de infraestructura reales de la provincia, sustituyendo los habituales modelos teóricos basados en datos importados de plataformas globales por soluciones diseñadas a la medida de los desafíos jujeños.
- El Estado provincial como garante estratégico: El gobierno no puede ser un espectador pasivo que solo entrega concesiones. El Estado jujeño debe asumir un rol activo e incorporar en los pliegos de licitación de futuros proyectos energéticos la obligación de instalar sistemas de monitoreo inteligente y gestión de datos abiertos para la investigación. Si la provincia pone los recursos naturales y el territorio, el Estado tiene el deber político de exigir que esa infraestructura genere conocimiento, arraigo tecnológico y valor agregado para los profesionales de nuestra provincia.
Una contradicción que ya no se sostiene
Jujuy produce litio para las baterías del mundo, opera el parque solar más grande de América Latina y aspira a convertirse en productora de hidrógeno verde. Pero no tiene ninguna carrera universitaria de ingeniería eléctrica, electromecánica ni de energías renovables.
Esa contradicción no surgió de golpe. Es el resultado acumulado de decisiones que se fueron postergando. Y la inteligencia artificial la hace más urgente, no menos, porque ahora no alcanza con formar ingenieros convencionales: se necesitan ingenieros capaces de gestionar sistemas eléctricos con herramientas de IA, de interpretar datos de redes inteligentes y de diseñar instalaciones solares optimizadas por algoritmos.
La IA no es una amenaza para el ingeniero que piensa. Es una herramienta extraordinaria para quien aprende a usarla con criterio. Pero para usarla, primero hay que existir como profesional formado. Y en Jujuy, en el campo de la ingeniería eléctrica y energética, ese eslabón sigue roto.
Superar este retraso exige un esfuerzo conjunto: requiere la iniciativa de la UNJu, la gestión del gobierno provincial para coordinar prioridades y recursos, y el apoyo del sector privado. Crear una Ingeniería Eléctrica o en Energías Renovables en Jujuy no es un lujo para los académicos: es una necesidad urgente. El talento está, los recursos están y el mercado laboral también.
Salta forma a los ingenieros electromecánicos de la región; Mendoza tendrá su Ingeniería en Energía desde 2027 y San Juan capacita a distancia en IA aplicada a las redes. Mientras tanto, Jujuy sigue siendo la vidriera de la transición energética, pero sin los profesionales que esa misma transición exige. Esto se puede cambiar, pero requiere que el Estado provincial y nuestra universidad pública, en una alianza estratégica definitiva, decidan que es hora de cambiarlo.