El paisaje político argentino, en vísperas de las legislativas de octubre, es un mosaico de alianzas frágiles y estrategias contrapuestas.
En el centro de este tablero, dos fuerzas encarnan destinos opuestos, Provincias Unidas, la coalición de gobernadores que busca trascender la polarización, y el peronismo, cuya marca Fuerza Patria naufraga en divisiones internas y soberbias provinciales. Mientras el gobierno de Milei observa, la pulseada por el Congreso revela que la grieta, lejos de cerrarse, se nutre de sus propias contradicciones.
Provincias Unidas, gestada en el interior profundo como "Grito Federal", avanza con pragmatismo. Carlos Sadir en Jujuy, Martín Llaryora en Córdoba, Ignacio Torres en Chubut y Maximiliano Pullaro en Santa Fe tejen una red de 15 provincias donde confluyen radicales, peronistas disidentes y hasta libertarios moderados.
Su apuesta al AMBA, con Facundo Manes y Martín Lousteau en CABA, y Florencio Randazzo en Buenos Aires, es un guiño audaz al centro político, aunque tensionada por el protagonismo de Schiaretti.
En Jujuy, Carlos Sadir lidera "Jujuy Crece" bajo este sello, capitalizando el vacío que dejó un peronismo en retirada. Su éxito radica en lo que evitan, no son oposición fanática ni aliados sumisos de Milei.
Frente a este bloque en construcción, el peronismo exhibe su desmoronamiento. Fuerza Patria, la alianza nacional impulsada por Cristina Kirchner y Sergio Massa, logró adhesiones en 14 distritos, pero su fragilidad salta a la vista.
Diez provincias, desde Formosa hasta Mendoza, rechazaron el sello, prefiriendo sellos locales. En Buenos Aires, Juan Grabois tensa la cuerda: amenaza con romper la unidad si no encabeza la lista y excluye a Massa, desoyendo los llamados de Cristina.
Pero es en Jujuy donde la implosión alcanza su cúspide irónica. Allí, la intervención nacional del PJ, esa "brillante estrategia unitaria" orquestada desde Buenos Aires, fracturó al movimiento en dos. Fuerza Patria quedó reducida a un apostolado solitario de La Cámpora, liderado por Leila Chaher, incapaz de sumar siquiera a las huestes de Grabois. Mientras, el peronismo no kirchnerista, desplazado por la lógica facciosa, creó "Primero Jujuy Avanza" con figuras como Carlos Haquim y Rubén Rivarola.
El resultado es previsible: en mayo, el oficialismo radical de Sadir arrasó con el 38%, La Libertad Avanza alcanzó 21%, y el peronismo, sumando sus tres listas, no superó el 20%. La lección es cruel, cuanto más se insiste en el control vertical, más se regala terreno al rival.
Mientras el peronismo se resquebraja en luchas facciosas, la izquierda, contra todo pronóstico, logra lo imposible, replicar la unidad que exhibió en las elecciones provinciales de mayo.
Banderas históricamente enfrentadas como el Partido Obrero, el Frente de Izquierda y Movimiento Socialista de los Trabajadores confluyen en un frente único para octubre, con el emblemático Alejandro Vilca preparándose para encabezar la nómina de diputados nacionales jujeños.
Vilca se erige así en el símbolo de una coalición que, desde la marginalidad, ejecuta lo que el PJ no pudo, sumar sin purgar.
Ironía suprema, quienes representan históricamente el 5% del electorado enseñan a los herederos de Perón que la política no es solo acumular poder, sino construir con los que piensan distinto.
El gobierno de Milei, entretanto, convierte el caos opositor en combustible. Con alianzas en 11 provincias, incluido el PRO subordinado en Buenos Aires, y gobernadores como Rogelio Frigerio (Entre Ríos) o Leandro Zdero (Chaco), su meta es clara, asegurar 51 bancas para blindar reformas. En Jujuy, aunque sin pacto formal con Sadir, ya saborea la división peronista. La polarización que Milei alimenta encuentra su mejor aliada en la autoreferencia de sus opositores.
Así llegamos a octubre, Provincias Unidas intenta demostrar que el federalismo no es una utopía, mientras el peronismo paga el precio de su hybris.
En Jujuy, La Cámpora, aislada en su trinchera ideológica, es el símbolo perfecto de una fuerza que confundió lealtad con sectarismo. Ironía suprema, la "unidad" que predicaban Kirchner no solo fragmentó su movimiento, sino que le regaló distritos clave al oficialismo libertario.
En política, como en la física, toda acción tiene una reacción igual y contraria. Hoy, mientras Milei apuesta al plebiscito, el peronismo descubre que su peor enemigo no está en la Rosada, sino en su incapacidad para dejar de mirarse el ombligo.