La polémica por la jura de los nuevos legisladores nacionales desnudó la profunda crisis de valores y decoro de quienes nos deben representar. En lugar de la solemnidad y el respeto que merece el Honorable Congreso de la Nación, vimos un desfile bochornoso: arengas, ademanes y discursos que transformaron el acto de jura en un vulgar ejercicio para explotar "5 minutos de fama personal". Este comportamiento abrió un nuevo debate social.
El diccionario es claro: un legislador "es un representante electo del pueblo cuya función principal es crear, debatir y votar leyes que regulan la vida en una sociedad o jurisdicción, trabajando en el Poder Legislativo para representar intereses ciudadanos y tomar decisiones políticas fundamentales." Este es el deber sagrado que marca la Constitución Nacional. Sin embargo, lo que vimos y escuchamos fue el triste ejercicio individualista que transformó el recinto en un circo mediático, apenas comenzando su función ya olvidaron que se sentarán en la silla de todos los argentinos, para lo cual les pagaremos entre 7 y 13 veces más de lo que cobra un argentino promedio.
Es aquí donde está la verdadera traición a la esperanza: porque la mayoría de estos protagonistas jamás volverán a tener participación en proyectos relevantes ni se escucharán en debates enriquecedores, es más, buscarán el bajo perfil por los próximos años. Siendo así, el sistema parece que nos ha llevado a un punto donde la elección se rige por el menor de los males y el foco no está en la idoneidad, sino en la conveniencia. Y si el foco esté en la conveniencia y no en la idoneidad, estos legisladores debutaron en el cargo traicionando la esperanza de un país que exige menos show y más ley.
El juramento es una formalidad legal. El reglamento de la Cámara de Diputados (Ley 13.640) establece la fórmula simple ("Sí, juro"), y si bien los agregados han sido tolerados como muletillas, es el hecho de utilizar este recurso para montar un espectáculo lo que genera el quiebre de la solemnidad y la falta de respeto a todo el pueblo.
La Legislatura jujeña, lamentablemente, no fue la excepción. También fue escenario de este brote de protagonismo de nuevos legisladores, que han demostrado que antes de analizar los problemas reales de los jujeños, necesitan poner énfasis en intenciones personales. Es hora de que el foco regrese al estricto cumplimiento de la ley y el deber, porque el honor se jura con palabras sencillas, pero no menos sobrias, y se demuestra con hechos concretos en beneficio de la gente.