El ciclo vicioso de la comparación es nuestro principal problema, sumado a los estereotipos de belleza en la era digital en la que vivimos. Estamos tan adentro de la gratificación visual que diariamente la realidad compite con una foto perfectamente editada. Vidas superficiales, pieles sin poros, cuerpos esculpidos digitalmente y paisajes increíbles es lo que nos muestran constantemente las redes, dónde cada like o vista a tu perfil se convierte en una pequeña dosis de inseguridad, el cuál silenciosamente destruye nuestra autoestima.
Los filtros y el Photoshop se han convertido en una herramienta común para "mejorar" nuestra apariencia en la internet. Pero, ¿qué estamos haciendo realmente? La respuesta es clara y simple: estamos contribuyendo a la creación de una cultura de la inseguridad y la insatisfacción con uno mismo, con la cuál nosotros también crecimos, estos estereotipos se reflejan constantemente en nuestro entorno. La sobre exposición genera una peligrosa falta de coherencia en la percepción de parecerse a un ideal que, irónicamente, la mayoría de las veces no es real, sino producto de algoritmos y herramientas de edición sofisticadas. Esta búsqueda de la perfección externa nos aleja de una verdad fundamental, la verdadera plenitud que reside en la aceptación interna. Al intentar encajar en un molde, perdemos de vista la belleza natural de nuestra singularidad.
¿Seremos capaces de dejar de lado la comparación y crear un mundo menos cruel para los que vienen? No es fácil, por supuesto, pero debemos aprender a valorar nuestra belleza única y a celebrar que con todas sus imperfecciones tu cuerpo y tu mente merecen respeto, cuidado y aprecio.
Podemos empezar por enfocarnos en nuestro crecimiento hacia el amor propio, que requiere un esfuerzo consciente y un compromiso con nosotros mismos. Detrás de cada pantalla, hay una persona real, con sus luchas, sus cicatrices y su historia única. La forma más radical y sanadora de desafiar el imperio de los estereotipos digitales es declararnos en revolución con la aceptación. El amor hacia uno mismo no es un acto de vanidad, sino un compromiso profundo con el yo auténtico, con lo que sos con defectos y virtudes, es el reconocimiento de que tu valor no es negociable y no está sometido a la aprobación externa ni a un filtro de belleza.
Así que, la próxima vez que te sientas tentado a utilizar un filtro, una aplicación que te agrega algo que no sos, o a compararte con otros, recordá que sos único, sos más que la suma de tus partes editables, sos una obra de arte compleja, en constante evolución, valiosa tal como eres. Tené presente que la belleza es subjetiva y que lo que verdaderamente importa es lo que proviene de dentro. Y no solo nos liberamos a nosotros mismos, sino que también ofrecemos un poderoso mensaje de validación a todos los que miran. La belleza que el mundo necesita no es la clonada o la inventada, sino la tuya: única, real y poderosa. Re definamos la belleza en nuestros propios términos. La belleza real se encuentra en la confianza, en la bondad, en la inteligencia, y en la resiliencia que hemos desarrollado. Es la luz que irradia una persona cuando está cómoda en su propia piel y no con los pequeños momentos que mostramos en redes.


