Una recurrencia del amor
Algo que se puede afirmar respecto del amor es que cuando se intenta atraparlo con palabras, rápidamente comienzan a faltar las mismas. Son sólo frases cortas e ideas vagas las que logran instalarse en el ámbito social al momento de hablar de amor, opinión respaldada en Roland Barthes cuando en Fragmento de un discurso amoroso señala que Escribir el amor es afrontar el embrollo del lenguaje (SXXI, pág. 134). Las palabras podrán ser suficientes para describir otras dimensiones, más no para el amor, el cual es causa y motor que mueve a la humanidad toda, ya que como dice Goethe en Las desventuras del joven Werther en el mundo al hombre nada lo hace necesario, salvo el amor.
Sin embargo, se podría intentar localizar algunas recurrencias. Por ejemplo la conocida dupla o sintagma de asociar el amor a la completud, la cual nombra sólo una pequeña parte de lo que se ha dicho sobre este tema. Esta noción ha sido degradada por considerársela ilusa e incluso mortífera, lo cual puede ser cierto, pero resulta necesario fundamentar por qué.
El Banquete de Platón es un diálogo de la antigua Grecia en el que los oradores se proponen opinar acerca de este tema. Uno de ellos, llamado Aristófanes, dice que al comienzo eran tres y no dos las clases de humanos: el varón, nacido del sol, la mujer, nacida de la tierra y una mezcla de ambos, un andrógino nacido de la luna. Tan brillantes eran estos andróginos que subieron al cielo, intentando ubicarse por encima de los dioses. Entonces Júpiter decidió debilitarlos y los dividió en dos: cortada, pues, así en dos la humana naturaleza, se iba una mitad hacia su otra mitad con ansias de unión, rodeándose en abrazo, deseando nacer otra vez en uno; y se morían de hambre y perecían de inanición por no querer una parte hacer nada sin su otra. De aquí nace el popular supuesto de representarse al ser amado como la media naranja o la otra mitad, pero también de lo mortífero que resulta valerse del amor para intentar alcanzar la completud.
Esta idea de una completud previa que se pierde cuando asoma la perfección, se plasma también en el antiguo testamento, cuando Adan y Eva vivían en el paraíso (metáfora de la completud) y la serpiente les dio a comer del árbol del conocimiento, lo cual los emancipaba de Dios al momento de determinar lo que es el bien y lo que es el mal (lo cual es representado en el mito anterior por el intento de los andróginos de subir al cielo). Entonces fueron conscientes de su desnudez, sintieron vergüenza, se escondieron y luego fueron expulsados del paraíso. La desnudez se refiere a la noción de diferencia, presencia ausencia de falo, la cual simboliza de algún modo lo que los hacía distintos a uno respecto del otro, y en consecuencia de que se trataba de dos en vez de uno. La canción Llueve sobre mojado de Joaquín Sabina y Fito Páez ironiza agudamente al respecto cuando dice Adan y Eva no se adaptan al frío. Es decir que el estado de completud, una vez perdido, no sólo no se recupera más, sino que las suplencias serán siempre fallidas o mortíferas.
A su vez, ese estado previo a la diferencia nos remite a otro amor y completud que también conduce a la extinción. Hablamos de la versión de Ovidio sobre el mito de Narciso, la cual dice que un día muy caluroso, después de una cacería, Narciso se inclinó sobre una fuente para calmar la sed. Vio allí la imagen de su rostro, tan bello, que se enamoró de él en el acto, e insensible ya al resto del mundo, se dejó morir, inclinado sobre su imagen. Nuevamente aparece el amor-completud y luego de ello la tragedia en tanto Narciso comienza a prescindir del mundo, bastándose a sí mismo, tal como puede verse por ejemplo en las adicciones.
OPINIÓN El tiempo de lo multi
Esta noción de completud perdida que se intenta recuperar aparece también en el Psicoanálisis. Por ejemplo, en un texto de 1925, llamado Inhibición, síntoma y angustia Freud dice que la madre como tal sustituye para el niño la situación fetal biológica, más no por ello tenemos derecho a olvidar que la madre no era objeto alguno, y que en esa época no existía ningún objeto (AE, pág. 131). Lo cual quiere decir que para Freud existió un momento de completud entre el niño y la madre, (nuevamente dos cuerpos en uno) y que si no existía objeto es porque no había una separación entre ambos. De este modo, la presencia de la madre, constituye para el niño un reemplazo de aquel momento anterior a la separación del feto respecto del útero materno. Luego del parto, quien cuide bien al niño, terminará siendo una suplencia de ese estado de completud y luego, vía la prohibición del incesto, aparecerán otras suplencias cuando el niño crezca. Así, Freud dirá en este mismo texto que toda angustia es señal de un peligro de separación respecto de ese estado de completud, el cual está dado por la presencia de la persona amada, quien a su vez es capaz de reducir sin dilación los estados de tensión que se le generan al bebé. Un detalle: una maestra de niños muy pequeños me señaló que es común que cuando las madres dejan a los niños a su cuidado las primeras veces, estos lloran, pero lo que llamó la atención de mi amiga es que una vez que los niños logran acostumbrarse al nuevo ámbito, nota a veces cierta intranquilidad en las madres, como si fuese que en ese momento, quienes experimentan la angustia de separación son ellas.
¿Se ama a quién es capaz de restituir algo de ese estado de completud? ¿Completud se llama al estado de tensión cero, es decir de incomodidad nula? Jacques Alain Miller, fundador de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, dice que más bien se ama a quien es capaz de nombrar al ser, a quien responde a la pregunta ¿Quién soy yo?. Para que dicha pregunta tenga lugar, e incluso para que cualquier pregunta tenga lugar, debe existir una cierta consciencia de incompletud, es decir que cualquier pregunta denuncia que un saber falta. Pero a diferencia de otras preguntas, la pregunta ¿Quién soy yo? se refiere al ser de cada uno, a la singularidad absoluta de cada uno, en caso de que exista. Entonces se ama a quien se sospecha que tiene algún rastro sobre el paradero del ser perdido, a quien promete indicarnos el camino de regreso a ese estado de completud que se perdió justamente, como se ve en los mitos nombrados, por intentar alcanzar algo más allá de él.
* Sergio Higa es Analista Practicante de la Escuela de la Orientación Lacaniana y miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Responsable de Relaciones Institucionales de la Antena Jujuy de la EOL. Docente de la materia Psicopatología 2 de la carrera de Psicología de la UCSE. Docente de la materia Psicología de la carrera de Psicopedagogia de la UCSE. Psicólogo Clínico en el Hospital Sequeiros. Licenciado en Psicología.