Opinión

Valoremos aquello que nos hace únicos

"Sin amar y conocer lo propio, la superficialidad de un mundo grande, extranjero, consumista, puede seducirnos aunque carezca de autenticidad", afirma Elisabeth Amat en su columna de opinión.

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Elisabeth Amat por Elisabeth Amat | 12-04-2022

La masiva peregrinación a la Virgen de Punta Corral, el pasado domingo de Ramos, nos ha hecho sonreír a varios. Quizás, porque significa que la dichosa pandemia ya se terminó pero también porque revivimos nuestra cultura a pleno. Hinchados de orgullo y felicidad.

Algunos caminaron para desafiar a su estado físico en los 4000 metros de altura y otros, para disfrutar de la belleza del cerro, sin embargo, en casi todos los casos, fue la fe quién movió a la montaña. Una fe que, si bien es un regalo, es también una expresión cultural, una tradición familiar que nos hace sentirnos pueblo, comunidad, familia. Sin embargo, no debemos quedarnos solamente ahí, en la repetición de costumbres. Todos debemos conocer la historia de cada una de nuestras prácticas para conservar nuestra identidad, porque sin entender los porqués, evidentemente, se perderán, caerán en el vacío. Y vendrán otras formas, arrastradas por la globalización, borrando las nuestras de la memoria y también del corazón.

El peligro es inminente. Sin amar y conocer lo propio, la superficialidad de un mundo grande, extranjero, consumista, puede seducirnos aunque carezca de autenticidad, deslumbrados por publicidad barata que navega en las redes.

Uno de los defectos más grandes que invade a los jujeños es considerar nuestra cultura como algo normal, cuando en realidad, es extraordinaria. Miramos las formas de expresión vecinas o lejanas, incluso con envidia, cuando en realidad lo único que hacen es prometer una forma de vida más cómoda y radiante logrando hacer de esto, tal como lo explica Weber, "un modelo de vida", sin importar que tal consumismo disminuya hasta extinguir las posibilidades de supervivencia de las generaciones futuras en nuestra provincia. Ejemplos tenemos varios... como el Halloween, que amenaza todos los años, tapando las ofrendas de nuestros muertos.

Para la UNESCO, la cultura permite al ser humano la capacidad de reflexión sobre sí mismo: "a través de ella, el hombre discierne valores y busca nuevas significaciones". Lo que hace necesario y urgente crear mecanismos en toda sociedad, para dar a conocer o recordar la información histórica del origen de cada lugar, bajo la premisa y el riesgo de perdernos en un nuevo modelo liberal, moderno, globalizado como lo explica Carl Marx, "un modelo de producción" que se encuentra a merced de los más vulnerables, nuestros niños y jóvenes.

Por tanto, aprovechando esta Semana Santa y nuestras formas de expresión, valoricemos lo que es nuestro. Vivamos. Sintamos. Amemos y practiquemos porque solo así seguiremos construyendo un pueblo que tiene mucho por contar. Dejemos de pensar en lo que puede parecer más divertido o novedoso, porque inmersos en esa cultura extranjera, dejamos de lado nuestra verdadera esencia, nuestro sentido de ser, nuestro origen, nuestra historia, nuestro sentido de pertenencia y con ello, nuestros valores. Sigamos siendo nosotros. Únicos. Extraordinarios. Diferentes. Al fin y al cabo las copias son baratas. Un fraude. Una mentira que a nadie le gusta. Siempre fue mejor el original, el auténtico. Y no nos olvidemos que lo que no se conoce, no se puede amar sinceramente. Profundicemos, y con la cabeza muy alta, disfrutemos de todos aquellos tesoros que nos identifican como pueblo.

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